MÁS ALLÁ DEL ESPEJO (2006)

Fondo

Percepción y memoria. La aproximación desde el punto de vista más sincero, por un cineasta que no se avergüenza de no serlo, a los dos grandes misterios de la mente humana; los dos grandes misterios del cine. Sólo la presencia física del propio Jordá, comprensiva, inteligente, inmensamente emotiva podía permitir dar el paso para entrar más allá del espejo, para comprender el mundo de los que no comprenden el mundo.

El testimonio directo es suficiente para la empatía. La aparentemente sencilla y natural puesta en escena esconde el misterio de los vínculos humanos tanto como intenta revelar los cerebrales.

Como los médicos voladores de Herzog, Jordá recorre, en su último viaje, un itinerario donde la unión entre signo y significado se pierde, pero es precisamente allí donde las personas consiguen encontrarse como no podría ser de otra manera. Un recorrido a lo largo del cual la verdad, la muerte, lo absoluto dejan de ser relevantes, y es sólo mediante el artificio de la memoria y la percepción, es decir, el cine, como nosotros podemos formar parte de ello.

Fernando Ganzo




Joaquín Jordá se ha convertido en uno de los referentes del Cine Español por derecho propio, enmarcándose dentro de un movimiento que preconiza el "Cine como Terapia" o el "Cine para Sanar". Es de todos sabido que realizar Arte es conocerse a sí mismo y que, por tanto, conocerse a sí mismo es conocer a los demás, pasando de lo singular a lo plural. Para Alejandro Jodorowski, iniciador de la Psicomagia como arte terapéutico, "la necesidad de curación se produce por la falta de conciencia. La enfermedad consiste en que hemos cortado las uniones con el mundo. La enfermedad es falta de conciencia y la conciencia es unión con uno mismo y con el universo."Estas palabras bien pueden aplicarse a la película, ya que el deseo individual de superación de la enfermedad llega con la pluralidad, no con la singularidad, haciendo incluso que otras personas con el mismo o distinto problema puedan hacerlo también sólo con el visionado de la película. Es por eso que el Arte no es un hecho individual, aislado, sino un acto colectivo, de la humanidad entera.

Es destacable la sinceridad, sencillez y carencia de medios con que está rodada, dejando de una forma muy clara cómo también nosotros podemos realizar películas que nos ayuden a superar nuestra enfermedad o trauma. Ya estamos cansados de artistas neuróticos que nos dicen que el mundo alrededor nuestro está podrido, que no vale nada mientras se toman tranquilamente su café con leche o realizan su pequeño acto sexual (Proust, Kafka, Houllebecq, etc). Hay que superar este nivel de conciencia y llegar a hacer un Arte que sirva a los demás, un arte para sanar, no para enfermar. El cinematógrafo de Joaquín Jordá no sólo cura sino que nos invita a conocer realidades ajenas a las nuestras, a descubrirlas y a entenderlas. Es por eso por lo que parece incomprensible cómo este director sigue permaneciendo oculto para un amplio sector del público y crítica, por qué no se estrenan sus películas en los cines comerciales ni tampoco termina por valorársele como se merece.

Jorge D. González




La pérdida o alteración de la vista, sentido más estimulado, es la muerte de una parte del yo. Pero esta muerte no es un final, sino un renacimiento que permite, precisamente, librarse del miedo a perder la vida, como afirma Joaquín. El documental, filmado durante varios meses, nos permite asistir a este proceso evolutivo de los protagonistas. Todos viven su propio duelo, el duelo por uno mismo: reuniéndose, compartiendo sus vivencias, se reconfortan ayudándose unos a otros. La soledad del ser marginal ha permitido el encuentro.

El fin de este proceso nos lleva a Esther y a Joaquín creando a partir de su nueva forma de relacionarse con la realidad. La deconstrucción del yo ha acarreado la reconstrucción, tomando nuevas vías. El propio documental es parte fundamental y meta de la reconstrucción de Jordá: surge de una necesidad, su materia/motor es el sufrimiento.

La imagen directa, seca, está al servicio de los protagonistas, recoge con cuidado sus testimonios, alejándose de toda pretensión estetizante. Y es que el director ya no puede supervisar la imagen, su lugar ya no está detrás de la cámara. Cambio de papeles: el director es actante, los actantes dirigen. Esther, la más joven, se convierte en maestra enseñando al propio director.

El documental ha permitido que las víctimas retomaran un control sobre su situación.

Terreno áspero para el espectador: fuera de juego, observamos la partida, intentamos entender esta otra realidad inconcebible para nuestra mente. Vemos cómo ante una dificultad común el humano se vuelve solidario, cómo la dinámica de grupo puede ser enriquecedora, y la palabra liberadora: juntos se animan a replantear y recrear su existencia.

Carmen Grimaud




Sobrecogido aún tras ver el film de Jordá escribo estas líneas. Una película sobre las complicaciones que surgen en el tablero de la vida, una obra donde vemos cómo se puede perder con la cabeza alta, perder ganando. Nadie como Joaquín Jordá para hablarnos de lo difícil del oficio de vivir con ese único cine social de una dura, seca, rugosidad poética. El propio Jordá, caballo en perpetuo salto por el tablero de lo extremo que se esconde en la cotidianidad, se pone a sí mismo en el punto de mira de esta obra mayor, en un centro tan cercano a los filmados como al espectador.

Trasciende en toda la película esa mirada de una lucidez única de este cineasta, lucidez que se acentúa con su presencia: ese sabio que lo es precisamente porque aprende de aquéllos a los que otros no miran, que sabe penetrar en los márgenes y extraer de ellos esa belleza pura, sin refinamiento alguno, aunque esto requiera una implicación total.

De esta película deshilachada, inteligente y emotiva, señas de identidad, todas ellas, del cine de Jordá, podemos extraer una conclusión: que en esa partida que jugamos ante la vida lo más honesto es evitar las tablas.

Iñigo Larrauri




Esta película habla de transformaciones en la protagonista y el espectador como reflejo al otro lado del juego de luces y sombras producido en la pantalla. Cambio que tiene sus causas en el aprendizaje y emancipación. Esther Chumillas, alter ego de Alicia en "A través del espejo y lo que Alicia encontró allí", comienza su partida de ajedrez donde, al igual que la novela, se enfrenta a un mundo nuevo, desconocido o al menos trastocado. La novela de Lewis Carroll argüía lo siguiente: "ahí está el cuarto que se ve al otro lado del espejo y que es completamente igual a nuestro salón, sólo que con todas las cosas dispuestas a la inversa...". La vida para Esther y su fiel caballo blanco (que salva a Alicia) es una poesía invertida, el Jabberwocky. Se hace necesario un volver a mirar, ellos y nosotros. Ellos una readaptación al medio, nosotros la empatía en cuanto que se nos hace comprender los problemas de percepción (en este caso reales y no oníricos). Las piezas rojas van cayendo en función de un proceso de autoafirmación de Esther. Por fin el peón se convierte en reina, como Alicia. La ilusión por cumplir sus objetivos vitales se esfuma para tornarse real. Un trabajo y su vida conyugal son los primeros atisbos de felicidad. Ya no es un sueño, el gato negro aparece de nuevo ante nuestros ojos y el tablero de ajedrez vacío.

Germán Rodríguez

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